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El proceso de duelo

  • Foto del escritor: Mamen de Loma-Ossorio García
    Mamen de Loma-Ossorio García
  • 3 mar 2021
  • 3 Min. de lectura


Perder a un ser querido es uno de los retos más difíciles que cada uno debemos afrontar al menos una vez a lo largo de nuestras vidas. Y la verdad, se habla muy poco de ello.

Conocerlo un poco, saber más sobre todo aquello que nos pasa durante esa difícil fase puede ayudar a entendernos, a procesar mejor aquello que sentimos para elaborarlo de la mejor manera posible, de una manera saludable y evitar así que esa tristeza, ese enfado, ese cocktail de emociones se convierta en nuestro peor enemigo.


El duelo es diferente para cada persona, cada uno tiene sus tiempos, así como sus procesos. Cuando hablamos del duelo, la pérdida, hablamos de una herida, una herida que tarda tiempo en cicatrizar.


Podemos distinguir varias fases, aunque no siempre deben aparecer todas:


- Negación: La incredulidad es una de las primeras reacciones ante un golpe así. Es una manera de decirle al mundo que espere, que no estamos preparados. Poco a poco y al ritmo de cada uno, se va procesando la realidad para llegar, al final, a digerir la pérdida.


- Enfado o rabia: Aunque siempre encasillemos al enfado como algo negativo, es una emoción que siempre tiene una función, como el resto. En esta ocasión, el enfado es un impulso que ayuda a salir del agujero, del fondo, para seguir adelante. Hay que sacarla, de nada sirve esconderla o tragarla.


- Depresión: Llega la tristeza, el miedo al futuro, el vacío el dolor profundo. En esta fase puede costar seguir adelante, buscar una motivación para seguir con el día a día. No se ve la luz al final del túnel.


- Aceptación: El último paso del duelo. Nunca es fácil aceptar la pérdida, aceptar que no hay vuelta atrás, sin embargo, una vez llegados aquí nos damos cuenta de que debemos seguir adelante, porque si no lo hacemos, el precio será alto.

Aprender que las piedras forman parte del camino.


¿Cuándo llega a ser un duelo algo patológico?


Se convierte en duelo patológico cuando después de un tiempo la persona sigue teniendo los mismos síntomas.


Es frecuente, que una pérdida no elaborada de forma adecuada de paso a problemas emocionales e incluso trastornos psicopatológicos al cabo de meses o incluso años.

Sin embargo, un duelo elaborado adecuadamente mejora las capacidades futuras para enfrentarse a las situaciones de pérdida, frustración o sufrimiento.


La expresión tanto a nivel social como familiar y personal de emociones ,acompañando a los sentimientos de pérdida y a la importancia de realizar rituales que ayuden a elaborar el proceso de adaptación a la pérdida, pueden evitar el desarrollo de duelos patológicos y facilitar el proceso de duelo natural.


Lo que distingue el duelo normal del patológico es el escalón (fase) en que la persona se queda bloqueada impidiendo la elaboración de ese dolor.

Lo que ocurre en los duelos no resueltos es que las sensaciones, en lugar de producir cambios para ir avanzando en las diferentes fases, lo que hacen es justamente que llegan a paralizar el curso del duelo normal.


¿Cuándo pedir ayuda?


Cuando perdemos a alguien importante, sentimos de manera profunda tristeza, rabia, impotencia, miedo y nos duele y es totalmente normal. Ahora bien, cuando estos síntomas acaban apoderándose de la persona de manera que aparece un fuerte sentimiento de culpa, autorreproches, tristeza intensa, llegando incluso a generar un estado depresivo, tal vez sea hora de apoyarte en otros.

En la mayoría de los casos la intensidad de estas reacciones disminuye con el tiempo, una minoría desarrolla complicaciones de estos síntomas que afectan a la salud mental y física.



Aprender a perder es una parte de la vida, igual que aprender a amar.

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