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Aprender a llorar

  • Foto del escritor: Mamen de Loma-Ossorio García
    Mamen de Loma-Ossorio García
  • 16 dic 2020
  • 1 Min. de lectura

Desde que son pequeños y durante todo su desarrollo el modo en que los niños van regulando las emociones va cambiando, dependiendo también de cada uno.


Quiero recordar que, como todas, las emociones son buenas y, la tristeza en específico, también en una emoción adaptativa. Sin embargo, en los más pequeños, como están en proceso de aprendizaje es labor de los adultos el poder identificar cómo se sienten y ayudarlos en su regulación emocional.


¿Cómo saber si un niño está triste?


Son muy variadas las formas en las que los niños pueden exteriorizar su tristeza pero, ojo, siempre la exteriorizan. Los niños son niños y, si sienten algo esto se ve reflejado en su conducta de una forma u otra.


Depende de nosotros estar pendientes de ellos.


¿De qué formas puede manifestarse la tristeza?


Desde llantos, silencios, cambios en el tono de voz, gritos, enuresis, micciones nocturnas e incluso ecopresis, rechazo de la comida, agresividad, insomnio o cansancio...

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“No se llora” “No estés triste” “No llores por eso que es una tontería…”


Que los niños estén tristes debe ser recibido en la familia como algo NORMAL. No hay que intentar distraerlo, hacerle reír o evitar que llore desesperadamente, sino muchas veces basta con estar ahí, darles cariño y dejarlo estar.


Somos adultos y ellos son niños.

Lo que para nosotros puede parecer una tontería, para ellos tal vez sea el fin del mundo, su primera experiencia con la decepción, con el miedo, con la pérdida…aspectos al que el adulto debe dar importancia.


Todos aprendemos a sufrir, la diferencia se encuentra en el cómo sufrimos y eso, todos nosotros, lo aprendemos desde niños.


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