RABIETAS Y EMOCIONES
- Mamen de Loma-Ossorio García

- 2 feb 2021
- 2 Min. de lectura

Lo primero. Los niños no tienen rabietas para fastidiarnos.
La etapa de las rabietas es algo normal en el crecimiento de los niños. Se trata de una etapa en la que los niños comienzan a tener y formar su propia opinión, sus preferencias y, como es natural, quieren llevarlos a cabo. De alguna forma, los niños comienzan a exponer sus preferencias o deseos y, cuando no son posibles, se enfadan y explotan.
Las rabietas son, por tanto, una manera de expresar su frustración de manera muy intensa, muchas veces desproporcionada y sin medida. Esto no quiere decir que exista algún problema o debamos hacerlos sentir mal por ello, sencillamente los niños se enfrentan a nuevas emociones que expresan y gestionan a su manera, teniendo en cuenta que son pequeños y se encuentran en proceso de aprendizaje y crecimiento.
Por tanto…¿Qué debemos hacer?
Como cualquier otra emoción, ésta debe ser acompañada y escuchada por los padres. De esta manera la expresión descontrolada, poco a poco, irá transformándose en una expresión más adecuada.
¿Qué puedo hacer frente a estas explosiones?
- Quédate a su lado. Sea cual sea el motivo , mantente a su lado frente a la emoción. De esta manera ellos van aprendiendo que la emoción no se corta, tiene espacio para sentir, se encuentran acompañados, pueden sentir que te mantienes cerca haya pasado lo que haya pasado.
- Abraza. El contacto físico con los niños, ya sea en estos momentos o en cualquier otro les ayuda. Les hace sentir protegidos.
- Escucha. Sea la situación que sea la escucha indica respeto, indica que se entiende al otro y se le tiene en cuenta. Además, ayuda a la expresión de la emoción, al acompañamiento para que los niños procesen mejor su enfado o su frustración.
¿Qué cosas no debo hacer?
- Ignorar o dejarlos solos. Este es un error muy frecuente, sin embargo no es recomendable llevarlo a cabo. Jamás se deben ignorar las emociones de los más pequeños, independientemente de lo enfadados que estén.
El acompañamiento es primordial. El adulto que acompaña le ayuda a comprenderse a sí mismo, le descubre que las emociones se viven, se experimentan y se sienten.
- Quitarle importancia. Restar importancia a las emociones de los más pequeños sólo provocará que éstos no regulen de manera adecuada la emoción. Además, pueden llegar a no querer expresar nunca sus emociones, a guardárselas o no darles ninguna importancia.
- Dar charlas o explicaciones. En estos momentos, en los que la emoción está en su máxima expresión, utilizar la razón con los niños no tiene cabida. Se encuentran inmersos en la emoción, por lo que dar explicaciones no tiene ninguna utilidad. Sermonear, despreciar o criticar nunca son buenos elementos frente a las emociones de los niños.



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